@MendozayDiaz

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martes, 20 de agosto de 2019

Vivir al revés.


Sin perder una mirada esperanzada sobre la realidad actual, es innegable que algunas leyes que se han ido promulgando en los últimos decenios en la mayoría de los países del mundo occidental atentan contra la dignidad de la persona humana, la institución del matrimonio y de la familia, la libertad religiosa y de educación. Ámbitos conquistados por una indiferencia vital, que desconoce el bien y el mal, la verdad y el error. Se niega hasta la existencia de la misma naturaleza humana. Vivimos inmersos en una “dictadura del relativismo”. La gran influencia del pensamiento cartesiano en la mentalidad moderna ha llevado a que el propio pensamiento se convirtiera, para muchos, en la única ley para todos los órdenes; cerrándose de este modo a la verdad, a lo objetivo y real: si hay algo que no-ven-con-su-cabeza: no será.

Personas que anhelan manifestar en conciencia y de forma pacífica lo que creen y son impedidas en nombre de la “no discriminación”: se puede hacer gala de ateísmo, pero no se pueden mostrar públicamente símbolos religiosos; se puede afirmar que cada uno decide su propia identidad sexual, pero no que uno es varón o mujer por naturaleza. La “no discriminación” acaba discriminando a una inmensa mayoría de personas, que no se atreven a expresar lo que en conciencia consideran justo, porque tienen miedo de ser juzgados, multados, e incluso encarcelados. Todo esto sucede no solo en los regímenes totalitarios sino en las supuestas naciones “libres” del mundo occidental. Libertad sí, pero no para todos.

El principio de que el deber ser viene definido, exclusivamente, por el voto de la mitad más uno me parece uno de los más insignes absurdos del pensamiento político dominante. Los números, torturados adecuadamente, te dirán cualquier cosa que desees: la democracia como absolutismo del número. Las palabras pueden actuar como dosis ínfimas de veneno: uno las traga sin darse cuenta, parecen no surtir efecto alguno, y, al cabo de un tiempo, se produce el efecto tóxico. El individualismo es un falso humanismo. El hombre no vive en sociedad por medio de un “contrato”, sino por una exigencia primaria de su modo de ser. La libertad no consiste en hacer cuanto a cada uno le apetezca, pues la libertad, en tal caso, se identificaría con la ley del más fuerte, que impondría sus antojos a los más débiles. Se trata simplemente de una actitud ante la historia y ante el problema de la condición humana. Entiendo la historia como una aventura de la que somos protagonistas, no sólo los hombres de hoy, sino la totalidad de los que han vivido.

Necesidad de acabar con lo que se denomina “impunidad verbal”. Esta idea me parece esencial y es importante no interpretarla, únicamente, en clave punitiva. La impunidad verbal exige responsabilizarse y responsabilizar a cada cual de aquello que afirma. La intransigencia, el silencio, la coacción y el rencor están reñidos con el liberalismo fundamental. No juzgar a las conciencias, sino a las ideas; no a la intimidad, sino a la conducta intencionadamente pública; no a las vidas, sino a las obras. Una vez más: el liberalismo no es una mera ideología, sino el ambiente indispensable para que todas ellas respiren. 

La fuerza transformadora de la memoria que evite en el futuro la legitimación de violencias pasadas y de las ideologías que las han sustentado. El principio democrático, el principio de legalidad y los derechos humanos sólo alcanzan su pleno significado si se piensan de forma conjunta: no hay democracia sin disfrute de los derechos humanos, pero tampoco puede haber tal disfrute sin un respeto escrupuloso a la ley democrática, en tanto expresión de la voluntad popular. Si la civilización quiere sobrevivir, tiene que optar por el respeto, garantía de un mundo mejor.

martes, 6 de agosto de 2019

Obsesión por la decadencia.



Durante los últimos siglos “España” significó cosas muy distintas para unos y otros. Como todos los maniqueísmos, el dilema de las dos Españas me temo que sólo sirva para exaltar a los del bando escogido y para denostar con cierto eufemismo a los del otro. La dicotomía izquierda-derecha me parece tan poco rigurosa como insatisfactoria. Entiendo que los problemas hay que plantearlos y tratar de resolverlos en los niveles racionales. En España hay, como en toda latitud, gentes berroqueñas, pero que no lo son por pertenecer a la derecha o a la izquierda, sino por carecer de talento. Llevan sobre los hombros la carga de un complejo de inferioridad. Los vestigios de nuestro pasado zoológico y bárbaro son los instintos y los usos erróneos y mágicos. Mal síntoma es para un pueblo que sus dirigentes sean elogiados por sus adversarios o concurrentes naturales. La esquizofrenia negativa de algunos actuales configuradores de la opinión pública hace que España viva de espaldas a sí misma.

Acabemos con el prejuicio. Según la leyenda negra, España lideraría la comunidad de pueblos agresores de Europa. Este es el balance de siglos de historia, como si en todos ellos no hubiera habido, apenas, contrapartida positiva. De vez en cuando leemos, escuchamos, comentarios sobre el hombre y el mundo procedentes de personalidades evidentemente excepcionales, que nos sorprenden por su ingenuidad, ligereza y falta de profundidad. Cada día me parece más cierto que “quod natura non dat, Salmantica non praestat”. Todavía hay quienes reducen la Historia a un vaivén de fronteras y a una sucesión de soberanos. Pero la Historia es algo mucho más serio y profundo: es la reconstrucción de la aventura humana y, primordialmente, de su magna peripecia, que es la cultura: la ciencia, las artes, las instituciones, las formas de vida. Una tierra humana no es sólo un conjunto de accidentes geográficos, sino la habitación de unos hombres.

Siempre me ha parecido gran incomprensión e injusticia mirar a los pueblos prósperos como “afortunados”, favorecidos por la suerte. Por lo general no es así: su prosperidad ha sido conquistada a costa de enormes esfuerzos, de sacrificio, de disciplina, continuidad y acierto. El caso más notorio es los Estados Unidos, país enorme, durísimo, lleno de facilidades que naturalmente no existían hace poco menos de doscientos cincuenta años, compuesto principalmente de dificultades. La primera nación en el sentido moderno de la palabra ha sido España: este nombre se le había aplicado durante siglos, y por supuesto en toda nuestra historia constitucional. Me pregunto cuánto ven los jóvenes que ahora recorren toda España, ajenos a toda su historia, en su mayoría desconocedores de todo lo que ha pasado sobre el suelo que pisan, en las calles donde tantas generaciones han vivido, amado, trabajado, luchado, muerto. La historia que aprenden en las escuelas es antes un relato mitológico que una historia.

Entiendo por democracia un régimen de libertad, de convivencia, en que los individuos tengan iniciativa y solidaridad para realizar sus posibilidades. Racionalizar la vida, y muy especialmente la política, una realidad todavía caóticamente enturbiada por el tráfago de los resentimientos, los mitos, las pseudo profecías y las pasiones. A medida que he madurado, he ido buscando lo que permanece, lo absoluto. Optimismo es la alegre esperanza de que, como la Historia la hacemos los hombres, de nuestro esfuerzo y de nuestra virtud depende que ganemos o no. De cuál sea nuestro número y nuestra fuerza, también. Me han educado en la pasión por España. La amo en sus glorias y a pesar de sus caídas. Este sentimiento compartido es un poderoso motor de acción y de esperanza. Dura mutilación la de quienes se crían huérfanos de historia y de sentido.

lunes, 24 de junio de 2019

Fabular.

Publicado en "Diario de León" el lunes 24 de junio del 2019: https://www.diariodeleon.es/noticias/opinion/fabular_1344735.html

La doctrina de la soberanía del pueblo, de la bondad natural del hombre, de la división de poderes son hoy en la vida política y social de Occidente dogmas intocables, además de algunos otros. ¿A qué se reduce la democracia, la forma de gobierno presuntamente mejor y éticamente obligada? La democracia pretende asegurar la libertad de todos los ciudadanos con el argumento de que, al ser soberanos y decidir mediante el voto, tan sólo se obedecen a sí mismos. Pero vamos, poco a poco, siendo gobernados cada vez más por decisiones indiferentes a nuestros más importantes intereses. Lo que actualmente se denomina democracia es un sistema en el que unas oligarquías aspirantes recurren, cada cuatro años, a una votación para que, entre manipulaciones varias, se resuelva quién va a detentar el poder. El desgobierno de la sociedad acontece cuando la ley no es una ordenación de la razón, sino producto de la voluntad.

La investigación sobre los niveles de calidad democrática de un país exige múltiples enfoques, que pueden abarcar desde el control del proceso electoral hasta la discusión sobre el grado de desarrollo económico y atribución de condiciones dignas de vida a los ciudadanos. No valdrá proponer una tras otras nuevas fórmulas montadas en el aire. No será bueno, ni conducirá a nada firme, contraponer palabras a palabras, pelear por etiquetas, concentrar nuestras fuerzas en la discusión sutil de matices o bizantinos adjetivos. Tengo intolerancia a la verdura hervida y a la gente que me hace perder el tiempo. El futuro no existe. Sólo el presente más inmediato tiene el peso específico de lo real. Me gusta la filosofía porque me ayuda a comprender mejor la realidad; en la filosofía siempre hay un propósito de desvelamiento de la causa última.

Cabe entender la limitación de mandatos como un intento de dar respuesta a la sensación de que el representante se ha convertido en un verdadero profesional de la política que, como dijera Max Weber, ha pasado de vivir para la política a vivir de la política. Son perceptibles déficits de cualificación en determinados cargos públicos, tanto de orden político como de dirección administrativa. La pérdida de la referencia del mérito y capacidad para el ejercicio, en general, de todos los cargos públicos. Sin embargo, es necesario encontrar un equilibrio entre el rechazo a la profesionalización de la política y el riesgo de caer en el puro “amateurismo”. Determinar qué sea la calidad democrática en un sistema constitucional y con qué criterios medirla. La idea de buen gobierno, analizando referencias ideales y reales que se expresan a través de procedimientos, contenidos y resultados. Me temo, sin embargo, que sean demasiados los políticos que pasan por alto estas nociones primarias, y que quieren hacer pensamiento como quien escribe un wasap… No son auténticos: se niegan a sí mismos para entregarse a-la-gente. Viven de criterios ajenos, carecen de sustancia afirmativa propia. Su mente es vehicular, traslaticia e indeterminada.

A Camilo José Cela le preguntaron en una entrevista si mentía alguna vez y contestó rotundamente: “¡Jamás!”. Pero presionado hábilmente por el entrevistador acabó por admitir que, aunque no mentía, lo que sí hacía en ocasiones era fabular. Y “fabular”, según el diccionario de la Real Academia Española, es disimular una verdad mediante una ficción artificiosa, es decir, algo muy parecido a mentir. Desconfío de quienes dicen yo-siempre-digo-lo-que-pienso, porque esos suelen ser los más mentirosos de todos. Si fuéramos por ahí diciendo lo que pensamos la vida sería insoportable y, concretamente, las relaciones en la familia y en el trabajo, un infierno. También en los partidos políticos… A mí me parece muy bien decir lo que pensamos cuando esto es agradable o persigue un resultado; de lo contrario, es preferible callarse o recurrir a “fabular”.

sábado, 15 de junio de 2019

martes, 14 de mayo de 2019

Economía para el envejecimiento.

Publicado en "Diario de León" el martes 14 de mayo del 2019: https://www.diariodeleon.es/noticias/opinion/economia-envejecimiento_1335212.html

Estoy un pelín harto de tantas propuestas electoralistas, huecas, cortinas-de-humo que forman parte de la escenografía de este intenso -y largo- periodo electoral que estamos padeciendo. Por eso es muy de agradecer que, en medio de esta bambolla, aparezca una iniciativa tan seria como oportuna: la Escuela de Pensamiento de Fundación Mutualidad de la Abogacía que tiene como propósito la creación de un nuevo espacio solidario de opinión y reflexión, independiente e intergeneracional, mediante el que, desde diferentes áreas del saber, se ha propuesto aportar valor a la sociedad en un ámbito concreto como la cultura y economía para el envejecimiento, sin duda uno de los grandes desafíos de las sociedades del siglo XXI.

El cambio demográfico que está viviendo nuestra sociedad muchas veces nos asusta. Los datos nos indican una tendencia clara: cada vez nacen menos niños y, a la vez, se produce un aumento de la longevidad. Hay más ancianos y cada vez lo son durante más tiempo. El envejecimiento de la población comporta un importante reto para nuestra sociedad en el futuro. La demografía poblacional actual con sociedades envejecidas, el incremento de la esperanza de vida, el desequilibrio entre la pensión máxima pública y el salario de los jóvenes que se incorporan al mercado de trabajo pueden ser elementos catalizadores de una quiebra del necesario pacto social por el cual las pensiones son soportadas por las personas en edad de trabajar. Se aprecian riesgos de quiebra de este pacto social que ha sido el garante de las pensiones públicas desde los inicios del siglo XX, cuando se generalizaron los sistemas de reparto. Cada vez son más frecuentes las protestas de ciudadanos porque los gobiernos occidentales se han convertido en máquinas de transferir ingresos de los trabajadores a los pensionistas. Esta realidad que se reconoce como una de las principales amenazas de las sociedades en el siglo XXI, puede ser la causa de una verdadera revolución social.

El futuro pertenece a las personas mayores, pero la sociedad no ha comprendido todavía las consecuencias de este fenómeno inédito en la historia. Un nuevo tipo de consumidor, cada vez más numeroso, que requiere productos y servicios de calidad. Un nuevo mercado por descubrir. Es necesario un cambio mental de la sociedad, preparándonos para una etapa de post jubilación que muchos ya auguran será más larga incluso que la laboral. Ello supone una auto responsabilidad del propio individuo, pero también un planteamiento del papel que tendrán el estado y la sociedad civil.

Nos encaminamos a sociedades gerontocráticas, donde la influencia de los mayores puede determinar la agenda política y de presupuestos sociales. Es necesario que como sociedad cambiemos el concepto de ancianidad y le otorguemos el valor que tiene y se merece. Una nueva perspectiva sobre el envejecimiento, alejada del concepto del anciano como una carga social y centrada en la ancianidad como un éxito de las sociedades occidentales. Tratar de demorar la senectud ha sido una constante a lo largo de la historia. Si pensamos que los mitos y prejuicios respecto a la vejez son cosa de nuestro tiempo, estamos muy equivocados. Hace más de dos mil años el filósofo romano Marco Tulio Cicerón escribió “De senectute”, traducida al español como “El arte de envejecer”, todo un canto a la vejez en una civilización tan severa con los ancianos como la romana.

En fin, frente al temor generalizado que provoca esta situación, es necesario recordar que la longevidad es un logro de las sociedades desarrolladas y, como tal, es necesario abordarlo desde una visión positiva y mediante una revisión de los planteamientos vigentes. Tengo mis dudas sobre que este proceso vaya a ser sencillo y, mucho menos, pacífico. Mientras tanto, mi enhorabuena a la Mutualidad de la Abogacía por tan oportuna iniciativa, por promover el estudio y el diálogo sobre un asunto verdaderamente urgente e importante: para pensar.

sábado, 4 de mayo de 2019

La persona que uno es.

Todos los días se está decidiendo la competición del progreso, del nivel de vida y de las oportunidades de cada individuo y de las naciones. El mundo, por supuesto, está en constante variación; otro tanto ocurre con la vida de cada persona, no solo por el paso del tiempo, sino por la articulación de las diversas edades, que van marcando zonas de relativa estabilidad en su flujo continuo, que no admite detenciones ni rupturas. La sustancia vital de los pueblos no está sólo en las campañas militares y en las genealogías regias, como parecían creer los cronistas clásicos, sino muy principalmente en las estructuras culturales, sociales y económicas. Todavía hay quienes reducen la Historia a un vaivén de fronteras y a una sucesión de soberanos. Cañoneos. Pero la Historia es algo mucho más serio y profundo; es la reconstrucción de la aventura humana y, primordialmente, de su magna peripecia, que es la cultura: la ciencia, las artes, las instituciones, las formas de vida…

La vida puede vivirse como tránsito; pero si se vive como destino, sólo hay tres grandes modos de soportarla: la evasión, la desesperación existencial o el racionalismo senequista. El sabio llega a convencerse de que la felicidad intramundana reside en la medida y en la virtud, lo cual remite el problema a la razón. Pero la mayoría de los mortales cree comprobar a diario que su dicha consiste en el placer. El deleite les llega por los sentidos y se traduce en emociones. De ahí que la conducta del hombre medio sea predominantemente hedonística y se oriente hacia el área de la emotividad. La relajación de ideas y el materialismo que provoca en los hombres un único afán de poseer y de disfrutar.

Los tiempos se suceden, la edad varía, las circunstancias cambian. Y, si cambian las circunstancias, ¿cómo no ha de cambiar, al unísono, el pensamiento de los hombres? En determinadas ocasiones tenemos que cambiar de opinión para ser sinceros con nosotros mismos. No se trata de pintar como querer, sino del ser de las cosas. Desearíamos que la realidad se ajustara a nuestros proyectos, querríamos que no fuese un obstáculo. El mito idealista de Jauja está detrás de cada sueño del hombre. Muchas gentes elementales suelen censurar a los ciudadanos sus cambios ideológicos. Yo creo, por el contrario, que modificar honradamente un pensamiento político puede ser, la mayoría de las veces, una muestra de talento y probidad. En nuestro país, tan socialmente dominado por el hábito de confundir la dignidad con el monolitismo, aquélla, sin la menor mengua de su fortaleza, es perfectamente compatible con un leal ejercicio de la palinodia. El diccionario existe para que los ciudadanos conozcan el significado de las palabras y de los conceptos. Si todos lo conocieran, el diccionario no tendría razón de ser.
El hombre, cuanto más evolucionado, se interesa más por lo real y se desinteresa de la fábula. Pero la experiencia lo desmiente a diario, puesto que las modernas ideologías han sido propugnadas con un dogmatismo casi religioso. Renuncian a la libertad de pensar y, consecuentemente, no impulsan. Son ejes de transmisión y no muelles reales. Son voceros del espíritu del tiempo, no sus forjadores.

La serenidad es otro rasgo, signo de la madurez individual y colectiva que a los hombres y a las sociedades proporciona el hecho de considerar las cosas con visión superior a la meramente natural. Debemos ser objetivos y lógicos, a la vez que muy humanos. No hay que intentar contentar a los que no se van a contentar. Las verdades están ahí; nosotros debemos andar por el camino de estas verdades entendiéndolas cada vez mejor, poniéndonos al día, presentándolas de forma adecuada a los nuevos tiempos. Poner en palabras la verdad, para que esta dure más que su mentira. Se ha instalado la desorientación. ¿Durará siempre?

Publicado en "Diario de León" el viernes 3 de mayo del 2019: https://www.diariodeleon.es/noticias/opinion/persona-uno-es_1332585.html

jueves, 25 de abril de 2019

¿Por qué huye la oveja del lobo?





La opinión pública es un elemento esencial de cualquier sistema político. Su libre conformación, es uno de los pilares sobre los que se debe asentar un orden democrático. La existencia de instrumentos exteriores de configuración de la opinión ha terminado por modificar el alcance de la soberanía. Los fabricantes de opinión. En ningún lugar una sociedad se gobierna a sí misma; siempre la gobiernan unos pocos. La voluntad general no existe, y la opinión pública es cambiante, sujeta a manipulación, y no puede ser representada de manera estable.

Es relevante el nuevo contexto tecnológico. No sólo supone que se multiplican los instrumentos de participación. Implica, también, una transformación cualitativa de los mismos. Por la simplicidad y universalidad de acceso. Algunas de las barreras más significativas que se habían erigido alrededor de la democracia directa, desaparecen. Junto a esto, la inmediatez. La tecnología hace posible que se pueda participar de forma inmediata sobre cualquier acontecimiento. El tiempo real es una realidad política.

La representación política, que nació para establecer relación entre ámbitos, esferas y personas distantes entre sí -hacer presente es representar-, y para aportar datos y aspiraciones donde correspondiera, sigue, en esencia, bajo la concepción anterior a los nuevos fenómenos de comunicación. En pocas palabras: mientras la ciencia ha revolucionado montones de cosas directamente afectantes al hecho político, las formas políticas han permanecido invariables, nadie se ha dado por aludido. No es éste un alegato contra la representación política. Nada más necesario que su existencia. La vida social es conflicto, y requiere la ortopedia de las instituciones. Pero cabe pensar que el cambio tecnológico la ha de afectar de alguna manera en cuanto a su concepción, fines y formas.

Hace años presencié un experimento significativo. Se trataba de que, en una clase, los alumnos comparasen entre sí varias líneas trazadas en la pizarra. En un determinado momento, la mayoría de los alumnos, menos uno, dijeron que la línea A era igual a la C. Esta discordancia no se basaba en que el disidente de la opinión mayoritaria estuviese equivocado, sino en que la mayoría estaba de acuerdo con el profesor en “afirmar el error” para poder observar la reacción del discordante: éste era, en efecto, el fin del experimento. La reacción del discordante variaba; nacía una cierta angustia al disentir de la opinión de la mayoría en algo que a él parecía evidente, apoyado en la comprobación de los sentidos. Por una parte, no podía dudar de lo que veía claro, clarísimo; por otra, cabía pensar que los demás también veían bien. Cuando al final del experimento el profesor explicaba al sujeto el “truco”, aprovechaba para hacerle ver la posibilidad de que uno esté en la verdad, aunque la mayoría esté en el error.

¿Por qué huye la oveja del lobo? La estimativa no sólo conoce lo sensible externo, sino también ciertas realidades que no se perciben por los sentidos, por ejemplo, la amigabilidad, la enemistad, la utilidad, la nocividad, que el sentido externo es incapaz de percibir. La oveja huye del lobo no por su color o figura -cosas sensibles a los sentidos externos-, sino porque-es-su-enemigo. La vida humana es constitutivamente deseo. El problema no se reduce a querer o no querer, sino a querer esto o lo otro, a preferir. A veces, los términos de una opción no se suelen excluir mutuamente; hay que tomar los dos, y poner el acento sobre uno de ellos. La vida es cuestión de énfasis. La prudencia, en cambio, descubre los medios acertados, la verdad operable por el hombre en cada circunstancia para llegar a ese fin. El objeto de la prudencia consiste en descubrir en cada caso cuál es la verdad particular operable. Ya San Isidoro, en sus famosas “Etimologías”, definía al prudente como “porro videns”, como sujeto perspicaz, que-ve-de-lejos.

Publicado en "Diario de León" el miércoles 24 de abril del 2019: https://www.diariodeleon.es/noticias/afondo/por-huye-oveja-lobo_1330317.html

domingo, 7 de abril de 2019

La paz a través del derecho.

Desde su creación en 1963, los miembros de la World Jurist Association (WJA) han cooperado por el fortalecimiento, promoción y difusión de la paz a través del derecho (pax orbis ex iuris) en reconocimiento de la dignidad inherente y de los derechos iguales e inalienables de las personas, tal como se establece en el Preámbulo de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. La WJA es una organización no gubernamental con estatus consultivo especial ante las Naciones Unidas. Destaca como un foro abierto donde jueces, abogados, profesores y profesionales del derecho de más de ciento cuarenta nacionalidades, trabajan y cooperan para reforzar y expandir el imperio de la ley.

Una de las formas en las que la WJA trabaja por la paz es organizando eventos internacionales que promueven el encuentro, el diálogo, como vía para la solución de situaciones. En esta oportunidad, en España, se ha celebrado el World Law Congress, los días 19 y 20 de febrero de 2019 en el Teatro Real, convirtiendo a Madrid en la Capital Mundial del Derecho. Más de ciento ochenta ponentes y panelistas de setenta países de los cinco continentes que han debatido en torno a diez mesas de trabajo temáticas y once sectoriales, y más de dos mil congresistas. He tenido la suerte de ser uno de ellos, junto con otros compañeros del Colegio de Abogados de León.

El lema de este World Law Congress, “Democracia, constitución y libertad”, hace énfasis en la necesidad de proteger el Estado Democrático amparado por la Constitución. Es el Estado de Derecho donde se sustentan el verdadero equilibrio y la justicia, valores que la WJA desea transmitir a todos los pueblos del mundo. Todo esto en el marco del cuadragésimo aniversario de la Constitución Española. Una oportunidad para realzar la solidez de la democracia en España y para reforzar los valores de una Europa integrada y próspera. El Rey Felipe VI, primer rey jurista del mundo, ha sido reconocido con el WJA World Peace & Liberty Award, por su papel como garante del Estado de Derecho. Un galardón que sólo se ha entregado en otras tres ocasiones: al ex primer ministro británico Winston Churchill; a René Cassin, por su labor en la redacción de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas; y Nelson Mandela, por su incansable lucha por los derechos humanos en Suráfrica.

Vivimos tiempos de grandes desafíos, en un contexto de crisis de gobernabilidad global. El imperio de la ley debe ser nuestra prioridad. La lucha por el Estado de Derecho, y por la Justicia, en definitiva, es el primero de los propósitos de la noble vocación del jurista. Fortalecer el Estado de Derecho exige el compromiso y la responsabilidad no solo de la comunidad jurídica, sino de todos. La forma más efectiva de combatir la tiranía y el abuso de poder es promover una enorme campaña a favor del imperio de la ley. Alentar a quienes luchan cada día por lograr la justicia y la paz a través del derecho, permitiendo avanzar con eficiencia, rapidez e inteligencia en la comprensión de las grandes transformaciones, retos y oportunidades que nos plantea hoy la vida en sociedad.
El principio democrático, el principio de legalidad y los derechos humanos sólo alcanzan su pleno significado si se piensan de forma conjunta: no hay democracia sin disfrute de los derechos humanos, pero tampoco puede haber tal disfrute sin un respeto escrupuloso a la ley democrática, en tanto expresión de la voluntad popular. El mundo no tiene otra opción entre la fuerza y el derecho: si la civilización quiere sobrevivir, tiene que elegir la fuerza del derecho.


Publicado en "Diario de León" el viernes 5 de abril del 2019: https://www.diariodeleon.es/noticias/opinion/paz-traves-derecho_1326000.html

miércoles, 27 de marzo de 2019

Ser de Europa.

Hoy domina una desilusionada indiferencia ante el presente político y ante las grandes cuestiones públicas de nuestro tiempo; y un avieso interés en hurgar en las heridas, en renunciar avergonzadamente a nuestra historia. Destruir el fruto de siglos de historia común. Muchos queremos que no caduque la historia de España, que no se rompa la vigencia de los valores morales que entraña. No es tiempo ya de creer que los problemas concretos de la vida de cada país puedan ser resueltos cerrando las puertas al exterior, ni en lo económico ni en el campo de las ideas. Nunca lo fue. Nos encontramos, pues, ante un nuevo abordaje no ya del “problema de Europa”, cuyo enfoque es más bien político, sino del “ser de Europa”, que es fundamentalmente histórico. Toda Europa tiene -en lo esencial- un solo espíritu. La evidencia de pertenecer radicalmente al mundo occidental, a la manera de vivir, múltiple ciertamente, que procede de tres fuentes comunes, convergentes desde tiempos muy remotos: la razón griega, la interpretación personal del Dios y de su relación con el hombre, propia de la tradición judeocristiana, y la autoridad, el mando según derecho, herencia romana.

Si nosotros, hombres del siglo XXI, tuviésemos la capacidad mítica del griego, expresaríamos nuestra intuición de lo que es ser europeo mediante un mito. Nuestros mitos son los adjetivos sustantivados. Lo “europeo” tiene toda la fuerza seductora y creadora del mito. Europa como forma de vida. Pero he aquí la magia creadora del lenguaje. No es posible delimitar ni geográfica ni históricamente el contenido del sustantivo Europa, pero el adjetivo “europeo” se nos impone con especial fuerza de presencia. Vago, difuso, pero presente, adhiriéndose firmemente a las entretelas del pensamiento. ¿Qué significado tiene ese adjetivo? ¿Existe algo peculiar en el modo de vivir que podamos calificar de “europeo”? ¿En qué consiste lo europeo? En diálogo, libertad e inteligencia. ¿Y cómo se llega a la unidad política continental? No disolviendo los nacionalismos, sino encauzándolos: la nación puede ser el material flexible para la unidad.

Tener clara conciencia de que la unión de Europa no se podrá conseguir ni imponiendo una uniformidad política, ni borrando las naciones, ni reduciéndose a una mera cooperación económica. La economía, con toda su importancia, no entusiasma, y es incapaz de movilizar a los hombres para una gran empresa. Hacen falta otras banderas. Entre el humanismo clásico y el neoliberalismo rampante no sólo hay milenios de separación, sino una distancia aún más profunda: el abismo que en todos los tiempos ha separado los valores del espíritu y los valores del dinero. Jenofonte, el primer autor de un tratado sobre lo “económico”, cuyo nombre inventa, concluye: no digas que el dinero es un bien si no sabes hacer un buen uso de él.

La historia es algo mucho más serio y más profundo; es la reconstrucción de la aventura humana y, primordialmente, de su magna peripecia, que es la cultura: la ciencia, las artes, las instituciones, las formas de vida. La historia derriba o traspone formas de gobierno, naciones, sistemas. El totalitarismo no nace solamente de las dictaduras. Se produce -con o sin dictadura- siempre que el estado asume funciones por encima de toda necesidad o conveniencia, desplazando a grupos y personas del protagonismo que les es propio. Totalitarismo, aunque venga avalada o acordada por la mayoría de los ciudadanos o de sus representantes.

Atención porque la decadencia de la democracia es un rasgo estructural de la historia que estamos viviendo. La propia naturaleza del hombre destruirá lo que hay de utópico en muchos proyectos, porque todas las utopías son realizables salvo la de lograr una plena satisfacción del hombre. El hombre es, por sí mismo, insatisfacción. Sin ella no habría historia, ni vida.

Publicado en "Diario de León" el 27 de marzo del 2019: https://www.diariodeleon.es/noticias/opinion/ser-europa_1323650.html

martes, 5 de marzo de 2019

El arte de la convivencia.

Un ejemplo clásico, muy descriptivo. Varios erizos se encuentran, y obedeciendo al instinto natural de estar juntos para calentarse entre sí y no sufrir el frío, se estrechan unos contra otros. Pero en este momento se dan cuenta de que así cada uno pincha a los demás. Entonces se separan. Más tarde hacen un nuevo intento de acercamiento, llevados por la necesidad de huir del frío; de nuevo notan la experiencia desagradable de los pinchazos. Finalmente encuentran una distancia media: así se calentarán algo y al mismo tiempo no se pincharán. Es entonces cuando queda constituido un orden social. El respeto a las ideas ajenas siempre supone las ideas propias. Lo mejor es enemigo de lo bueno.

En España es, por desgracia, muy corriente el menosprecio, el desdén y hasta el odio hacia los que no piensan lo mismo que uno, y ésa es la causa primera de la falta de convivencia auténtica entre los españoles. Veo con desagrado cómo se están obturando posibilidades abiertas, se van exacerbando las diferencias y las pugnas de intereses, en perjuicio de todos ellos; se abre paso la mentira y se pierde todo respeto a la verdad. Se ha empezado a llamar “fascismo” a cualquier cosa. Desde-el-otro-lado, se ha generalizado el nombre “populista” o “podemita” hasta cubrir todo lo que no sea “fascista”.  Se atiende, sobre todo, a lo político; ante una persona, no se mira si es simpática o antipática, guapa o fea, inteligente o torpe, decente o turbia, sino si es de “derechas” o de “izquierdas”. El ambiente está cada vez más enrarecido: se dicen cosas atroces, absurdas, que causan vergüenza si se conserva la cabeza clara y un mínimo de decencia.

Hoy, en muchos países, está rota la unidad interior, porque algunas ideologías han roto la conciencia unitaria de la sociedad, y han producido un enfrentamiento de los ciudadanos que están enfrentados, radicalmente, porque su oposición arranca de maneras incompatibles de entender la vida. La fuerte y pertinaz proclividad de los españoles al adanismo, al gusto de comenzar algo como si en relación con lo que se hace nada se hubiese hecho o nada hubiese existido antes. La envidia. Este vicio cainita, que es la negación del diálogo, de la porosidad, de la comprensión, de la justicia y del trabajo en común, ha venido minando durante centurias las energías de nuestro pueblo. Llevamos demasiado tiempo reduciendo la ética a un casuismo farisaico y perturbador. La línea del bien es la del amor y la justicia; la línea del mal es la de la envidia y el odio. Ahí donde asoma la gratuita hostilidad hacia el otro está el máximo disolvente espiritual. Todo esto me parece lo contrario de lo que necesitamos.

Los nuevos tiempos requieren una nueva moral adecuada a los problemas de nuestra sociedad liberada-de-los-antiguos-prejuicios. Casi todo lo que se oye en muchas tertulias o predican los-influencers-de-moda es interesante para pasar el rato y diagnosticar a los protagonistas; pero no es razonable. Por miríadas se cuentan los escritores que, a pesar de su enciclopédica ignorancia y de su vaciedad especulativa, son prodigiosos artistas de la palabra. Son los especialistas de la emoción. Nuestros intereses, nuestros deseos, nuestros estudios, nuestro nacimiento, nuestro estado de ánimo, nuestra propia anatomía y las presiones sociales son otras tantas tentaciones de falsificación, ceguera, desvío y error. Hay que desposeerse de lo que no es racional para la aventura del pensamiento. La vida tiene un elemento de urgencia: sobre todo, porque una demora en aclarar algunas cosas puede significar que se cierren posibilidades que condicionan lo que va a ser el mundo durante mucho tiempo. Grandes desastres de la humanidad se podrían haber evitado si se hubiese ejercitado algo más y adecuadamente el pensamiento.

Se planea, por ejemplo, cualquier reforma de nuestra Constitución. ¿Se asegura así el éxito?: de ninguna manera. Todo depende de quien la lleve a efecto. La vida tiene siempre ángulos imprevisibles, meandros incógnitos que necesitan soluciones vitales. Para vivir ampliamente, generosamente, los pueblos, como los individuos, necesitan su estilo. Quizá España necesite un nuevo contrato social. O no. O, sencillamente, baste con mejoras, con nuevas formas de hacer política, capaces de construir un proyecto que genere ilusión a la mayoría de los ciudadanos. Donde lo importante sea el contenido, el qué se hace y el cómo se hace. El deterioro de las instituciones españolas no tiene su raíz en el texto constitucional.

Siempre he creído que, si la democracia no está inspirada por el liberalismo, por la llamada a la libertad, por su constante estímulo, pierde su justificación y acaba por convertirse en un mecanismo -más poderoso que otros- de opresión. El liberalismo se inscribe en este campo del humanismo, tanto en sus concepciones primarias como en su ideología política y su teoría económica. El resultado de esta manera de entender la libertad será el exclusivo protagonismo del hombre. Frente al espíritu de conflicto preconiza el espíritu de acuerdo: interdependencia, paz y bien común. Y, en mi opinión, la gran institución vinculativa es la Patria, capaz de resolver antinomias. La democracia consiste en que las mayorías ejercen el poder, y respetan a las minorías, sobre todo el derecho a intentar convertirse en mayorías; si esto se abandona, no hay democracia.

Publicado en "Diario de León" el martes 5 de marzo del 2019: https://www.diariodeleon.es/noticias/opinion/arte-convivencia_1318613.html

lunes, 25 de febrero de 2019

Mejorar la democracia.

Dicen que la mejor forma de Estado es aquella en que el pueblo se gobierna a sí mismo. Como en los grupos de muchos individuos tal autogobierno directo es irrealizable, los ciudadanos han de elegir a sus representantes por mayoría de votos; a su vez, esos diputados tomarán decisiones también por mayoría; tales decisiones serían el reflejo de la voluntad general. Este modelo puede revestir muy diversas modalidades, la dominante hoy es la partidocracia, es decir, aquella en que el sufragio es encauzado -casi exclusivamente- por los partidos. Es un sistema de gobierno en que, de vez en cuando -generalmente cada cuatro años- se permite que el electorado decida cuál de las distintas oligarquías en pugna va a gobernar. Y dichas oligarquías, que son las cúpulas de los partidos, en muchos casos, se forman por cooptación y tienden a ser cada vez más cerradas. Consecuentemente, lo de la soberanía popular y la fiel representación de la voluntad general, en muchos casos, es simple retórica, incompatible con una teoría racional del Estado.

Nos encaminamos hacia un mundo en que la demagogia será cada vez menos rentable, porque el “demos” es más capaz de pensar y de respetar a los que lo hacen con desinteresado espíritu de verdad. Hasta hace muy poco tiempo no existían los formidables medios de comunicación con que ahora contamos. Conectar con miles o millones de personas para inquirir su opinión y que miles o millones de personas conecten con los centros de decisión para hacerla llegar, conservar ordenada y operativamente infinidad de datos, y conocer, en el acto y a escala mundial, cualquier suceso, son realidades relativamente nuevas y recientes. La representación política, que nació para establecer relación entre ámbitos, esferas y personas distantes entre sí -hacer presente es representar-, y para aportar datos y aspiraciones donde correspondiera, sigue, en esencia, bajo la concepción anterior a los nuevos fenómenos de comunicación. En pocas palabras: mientras la ciencia ha revolucionado montones de cosas directamente afectantes al hecho político, las formas políticas han permanecido invariables, nadie se ha dado por aludido. No es éste un alegato contra la representación política. Nada más necesario que su existencia. Pero cabe pensar que el cambio tecnológico la ha de afectar de alguna manera en cuanto a su concepción, fines y formas.

Lo decisivo en una democracia no es tanto designar al mando cuanto fiscalizar su comportamiento. El poder tiende al cinismo, a la palmada en la espalda y a la zancadilla cuando te descuidas; zancadilla de pierna anónima, naturalmente. El ejercicio del poder con una cultura patrimonialista que se refuerza por las altas cotas de impunidad. Otorgamiento de subvenciones, selección de personal, irregularidades en contratación, financiación de los partidos políticos. Son algunas de las manifestaciones de estas prácticas. El respeto a las normas y procedimientos es un cauce para fortalecer la calidad democrática y devolver la confianza a los ciudadanos en el sistema político. Se intentaría evitar así la formación de una élite política desvinculada de los intereses y de la realidad de la sociedad a la que representa, una verdadera “clase política” en donde sus miembros empiezan desde su juventud a depender económicamente de su cargo político, con las consecuencias que todo ello acarrea.

La calidad democrática debe comprender un enfoque amplio, que incluye no solo controles electorales y del poder político, sino también los objetivos y resultados concretos que advienen de un modelo político democrático, los cuales envuelven la igualdad socioeconómica, el bienestar y la justicia social, entre otros elementos que posibilitan el desarrollo de los niveles de vida de los ciudadanos y traducen la idea de un verdadero buen gobierno. Iniciativas dirigidas a conseguir más inteligibilidad del proceso político, más transparencia y participación o más responsabilidad y rendimiento de cuentas. Analizar la calidad de la representación implica, también, discutir sobre el sistema electoral que da lugar a una mejor representación de los ciudadanos (proporcional o mayoritario), el tipo de circunscripción (distritos, provincial, autonómica, nacional…), la forma de presentar las candidaturas (cerradas, bloqueadas o no…), qué rasgos sociales deben reflejar (sexo, territorio, etnia, clase, etc.), cuál es el apoyo que legitima para ser representante, o de qué forma pueden los representados controlar la actividad de los representantes durante su mandato.

La descentralización del poder político no conlleva más democracia, pero si puede incrementar la calidad en su ejercicio: cuanto más cercana sea a la ciudadanía la instancia que ejerce el poder de decisión, se genera un mayor apego ciudadano y es mejor valorado por los mismos. Y es así porque sus decisiones van a estar muy pegadas a los problemas reales que vive la ciudadanía. El poder político autonómico tenía una gran oportunidad de construir unas administraciones modernas, eficaces y cercanas a los ciudadanos. Es cierto que consiguieron frutos importantes, muy especialmente en los primeros años de desarrollo del Estado de las Autonomías. Pero también lo es que la apuesta final no ha sido, en general, por la eficacia, la profesionalidad y la solidez. Ha dominado el interés político de disponer de estructuras-administrativas-acomodaticias.

Una convicción muy arraigada: que la democracia solo es fecunda cuando está inspirada en el liberalismo, es decir, por la decisión de tener en cuenta a los demás. El ejercicio del poder, logrado democráticamente, es legítimo, pero puede llevar fácilmente a la prepotencia -abuso del poder y alarde de él- y convertirse así en un modo de opresión legal, lo cual es grave, porque desvirtúa el principio vivificador de la democracia misma.

Publicado en "Diario de León" el viernes 22 de febrero del 2019: https://www.diariodeleon.es/noticias/opinion/mejorar-democracia_1315845.html

jueves, 14 de febrero de 2019

Nostalgia de lo humano.

Las componendas democráticas, la desorientación intelectual y política son hoy, en muchas partes, los verdaderos enemigos de la libertad. El político no sólo necesita principios generales e intemporales, sino también una visión extraordinariamente aguda de los problemas de su época. Me doy cuenta de que esa confusión entre la realidad deformada y la realidad real es frecuente en los últimos tiempos. Las preguntas son muy fáciles. Lo difícil son las respuestas. 

El hombre se ha ido acostumbrando a mirar el bien o el mal de las cosas desde un punto de vista exclusivamente amoral y técnico. Y esta es también la situación de la política. Pero el hombre empieza a sentir la nostalgia de lo humano. Es la ley de su naturaleza, esencialmente moral, que no encuentra un lugar adecuado en una civilización cada vez más mecanizada y que se devora incesantemente a sí misma. Los prodigios de la tecnología son cada vez mayores, y mayor es aún la prodigiosa indiferencia con el que el hombre actual recibe las noticias de los nuevos descubrimientos. Las modas filosóficas pueden servir para una brillante tesis doctoral e incluso para vivir, pero casi nunca son verdad. Durante mi vida he visto pasar y desaparecer una decena de “ismos”. La conciencia es como la piel. Al principio, se muestra delicada como la epidermis de un recién nacido. Perfectamente sensible a cualquier estímulo. Pero si se descuida, si se expone, si se desprecia, acaba endurecida, ajada y vieja, como la piel callosa de las manos de un campesino. Incapaz de sentir si tiene una picadura, un corte o una herida incurable.

No es suficiente votar y opinar, cada uno debe hacer lo que mejor pueda para mejorar las cosas.  Superarse a sí mismo. El hombre virtuoso, dueño de sí mismo. Es precisa una formación que tenga esa trascendencia política y social, y la tenga preparando a todos para la intervención en la vida pública. Asumir una parte de responsabilidad en el desarrollo actual de la sociedad: el desinterés por los asuntos públicos; el fraude fiscal, que repercute sobre la vida moral, el equilibrio social y la economía del país; y la crítica estéril de la autoridad y la defensa egoísta de los privilegios, con perjuicio del interés general. La propiedad privada para nadie constituye un derecho incondicional y absoluto. Nadie puede reservarse para uso exclusivo suyo lo que de la propia necesidad le sobra, en tanto que a los demás falta lo necesario.

El liberalismo no es una mera ideología sino el ambiente indispensable para que todas ellas respiren. La política no es en sí misma un sistema de normas inflexibles que no atienden a las circunstancias de la vida humana y de los hombres; pero no es tampoco una pasional y arbitraria veleta, que se muda a todos los vientos, sin estabilidad y sin firmeza. Aspira a ser de esta suerte la conjunción armónica de lo ideal y lo real, el ensamblaje del caballero y el escudero, la síntesis de Don Quijote y Sancho. Le preguntaré su opinión a Eduardo Aguirre, experto en pensar y escribir sobre ellos.

El pasado ya no está en nuestra mano, aunque en su día lo estuvo; el presente, en cuanto presente, tampoco nos permite hacer simultáneamente dos cosas contradictorias, o hacer una y al mismo tiempo no hacerla. De ahí que la única salida que posee la providencia humana sea el prevenirnos y prepararnos con anticipación para lo porvenir. El hombre sólo tiene en su mano el porvenir, las contingencias, y únicamente puede prevenirlas mirando hacia adelante, porque nada es contingente para el hombre más que lo futuro. Dos dimensiones del tiempo -lo pasado, lo presente- que están ya excluidas de las posibilidades del hombre. Lo que ha sido, ha sido; lo que es, es. ¿Qué le queda entonces por hacer a nuestro vivir? Anticiparse, hacerse dueño de lo que todavía es sustancia lábil y movediza, antes de cristalizar en definitiva forma. Para eso la previsión humana; y ella para la prudencia.

Hasta ahora sólo se ha descubierto un remedio, y aun ese no agrada a todos: dejarse enseñar por los demás, particularmente por los ancianos de verdadera senectud, más encanecidos por la experiencia que por los años, y a quienes ésta les indica el rumbo que suelen tomar las cosas. Dicen que a la hora de la muerte viene la lucidez. Quizá es que a la hora de la lucidez viene la muerte. A estar bien dispuesto para recibir estas lecciones, sin desoírlas por pereza o despreciarlas por soberbia, se llama docilidad. ¡Lástima que las resoluciones más importantes de la nuestra vida -la carrera, el estado- hayan de ser tomadas en la primera edad, destituida de ciencia y experiencia! Intentar cambiar -mejorar- el mundo, poco a poco. Lo que no es normal en estos tiempos de compromisos y cobardías. Mejor realidades que esperanzas. Creo sinceramente que el éxito, muchas veces, huye de quien lo persigue. Con el honor se puede ganar mucho dinero, pero con el dinero no se puede comprar el honor. El éxito sin honor es el mayor de los fracasos. Dichosa vanidad, cómo nos complica la vida.

Publicado en "Diario de León" el miércoles 13 de febrero del 2019: https://www.diariodeleon.es/noticias/opinion/nostalgia-humano_1313591.html


jueves, 3 de enero de 2019

Educar para un tiempo nuevo.

El ideal cultural de una sociedad libre es una condición inevitable para su estabilidad económica social y política. La libertad y la igualdad son conceptos de grueso calibre que, más allá de la encendida o exquisita retórica, no sirven para nada si el hombre no puede aspirar a ellos en igualdad de condiciones con los demás hombres. Sobre todos los sistemas se iza, como una quimera conquistada, la palabra libertad. El mundo es libre, la sociedad es libre, el hombre es libre… ¿Libre de qué? Para alcanzar la plena libertad humana, es preciso dotar al hombre de la única palanca posible para alcanzarla: el dominio de la cultura. Ese dominio que llega cuando, reconstruyendo desde los cimientos mismos de la sociedad, se alcanza una igualdad de oportunidades, sin exclusión alguna.

Las necesidades sociales se suelen concebir de un modo superficial, como producción de bienes y servicios necesarios para el bienestar, y también como capacidad para que unos hombres puedan vivir pacíficamente al lado de otros, sean cualesquiera las creencias o modos de pensar de los vecinos. Productividad y tolerancia pudiéramos decir que son los fines perseguidos por la educación actual. Si no tuviésemos miedo a las palabras, hablaríamos de algo más que de tolerancia, armonía, unión o coincidencia; hablaríamos de amor, dando a esta palabra toda la significación emotiva y toda la significación clásica que tiene, porque el amor es un sentimiento, pero es también una operación activa de la voluntad, es algo que se nos da, pero es algo que hemos de cultivar. Si queremos persuadir, lo conseguiremos mejor a través de sentimientos afectuosos que de discursitos. Cuando el pensamiento se ha pretendido subordinar a la acción, se ha producido una inversión catastrófica en el orden de la vida. En el predominio de la voluntad está la génesis de toda esa febril actividad, esa incontenida ansia de tener, esa vertiginosidad del trabajo, esa precipitación del placer que caracteriza la época presente; de ahí se origina esa adoración y entusiasmo por el éxito, por la fuerza, por la acción; de ahí las luchas por la conquista del poder y del mando. Estrés.

Para ver la gravedad del problema de la formación en la verdad basta con echar una mirada a nuestro alrededor y comprobar que el mundo actual está carcomido por la mentira. Por un lado, las mentiras colectivas, de las que son un buen ejemplo las abundantes ocasiones en que los políticos toman las grandes palabras de justicia, paz, libertad para encubrir con ellas sus ambiciones, no siempre justificables; por otro lado, las mentiras individuales, egoístas, con las que pretendemos descargarnos de responsabilidades o servir nuestros intereses y deseos. Lo tremendo de la mentira es que condena al hombre a vivir en la clandestinidad; el afán del mentiroso es ocultar la realidad al conocimiento de los otros, y ello significa tanto como crearse una valla y un techo que impidan llegar la luz a lo que en realidad existe.

Los padres no pueden considerar cumplidos sus deberes educativos con el envío de sus hijos a-un-buen-colegio. A la institución escolar le compete primordialmente la formación intelectual. Educar, enseñar, transmitir a los niños todo lo mejor que el hombre ha hecho sobre la tierra. Con ritmo creciente a la escuela se atribuye o le confieren obligaciones que antes pertenecían a otras entidades sociales. Ahora la escuela ha tenido que pasar desde la tarea intelectual a la preocupación por las necesidades sociales y aun familiares de sus posibles alumnos. Al maestro se le exigen cometidos cada vez más dispares. Desde su única tarea de enseñar a leer, a escribir, a contar y dar los elementos de las ciencias, o los sistemas científicos según el grado de enseñanza a que se dedicara, ha pasado el maestro a ser el hombre al cual se le pide que prepare a sus alumnos para vivir. Es indeclinable de la familia la que pudiera llamarse formación del carácter. Conviene recordar que un carácter no se valora éticamente sólo por el resultado de las acciones, sino por la orientación o la finalidad que las guía. Autodisciplina como supremo ejercicio de la libertad. La misión de los centros educativos no es “hacer sabios”; es mostrar a los alumnos que se sabe bastante sobre muchísimas cosas, que ellos lo desconocen casi todo, y que hay métodos para, esforzadamente, salir de la ignorancia. También: animarlos a tomarse muy en serio la etapa académica, y valorar la gran oportunidad que la sociedad les brinda. Las buenas escuelas son fruto no tanto de las buenas legislaciones cuanto de los buenos maestros.

El destino depende de uno mismo, de la manera de ser y también de las circunstancias, desde luego. Pero sobre todo de uno mismo. Parece que las vidas se van desarrollando regidas por la casualidad y no es así. El destino es como una cadena de actitudes, de hechos que llevan a una consecuencia final. Parece casual, pero es el resultado de un plan, de un programa inconsciente, en parte, y, en parte, elaborado. Lo mágico de la juventud es no saber en qué consiste verdaderamente la existencia humana. Se pueden transmitir bienes: pero no la experiencia de la vida. Y como cada persona es distinta, se debe educar en libertad, enseñando a cada una a llevar el timón de su vida en la dirección correcta: hacia la felicidad de una vida plena, con la actitud necesaria para orientar su vida en servicio a los demás.

Publicado en "Diario de León", el miércoles 2 de enero del 2019: http://www.diariodeleon.es/noticias/opinion/educar-tiempo-nuevo_1303519.html

jueves, 6 de diciembre de 2018

Cultura del acuerdo.

Hace unos días, Miguel Roca Junyent, llamaba la atención sobre el desgaste de las instituciones como consecuencia de un mal estilo de la acción política. Descalificaciones, insultos, acusaciones. La mala praxis ha llegado al punto de que los propios protagonistas han reclamado amparo ante las descalificaciones recibidas, olvidándose de las que ellos han pronunciado dirigidas a sus oponentes: todo el mundo parece estar en contra de este estilo, pero nadie cree que lo practique. Las palabras hacen daño y están en el origen de problemas que, en muchos casos, no se resolverán precisamente porque la memoria no las olvida. La visceralidad no es nunca una buena compañera de viaje. Se tienen motivos para estar irritados. O angustiados. O preocupados. O comprometidos con causas máximas y exigentes. Pero no ganará nadie en autoridad moral ni tendrá más razón por hacer de la descalificación y el insulto la herramienta ordinaria de su combate. Algunos exponentes de la bambolla parlamentaria deben pensar que gritando sus soflamas ganarán en razón. Pues no, habría que decirles: baja el tono de tu voz y mejora los argumentos. 

La polémica y el silencio, dos maneras de luchar en el combate de las ideas. Es absurdo creer que la libertad de expresión lo ampara todo; o, incluso, podríamos decir que en el supuesto de que fuera verdad -que lo amparara todo-, no está escrito en ningún lugar que la libertad de expresión no esté obligada a respetar la dignidad del adversario y de la institución escenario del debate. A veces hay silencios que tienen más fuerza que un grito. O palabras pensadas y reflexivas que caen como puños, renunciando al refugio huidizo del insulto. Dejemos esto para los totalitarismos de los que queremos escapar, para cobijarnos en el combate apasionado pero contundente, sereno y constructivo, de las ideas ganadoras. Brillantes argumentos de autoridad, de uno de los padres de nuestra Constitución.

A mí, el grito me parece una forma de expresión primitiva que debe ser proscrita. Y lo está por los usos en las sociedades más evolucionadas. El grito es anti intelectual. ¿Quién puede imaginarse a Sócrates dando voces? Hoy la civilización es una lucha contra el ruido. La algarabía es barbarie, confusión del argumento con la fuerza, y más un desahogo zoológico que un comportamiento racional. Son cosas del todo ajenas a la buena y sana política. Nos queda mucho por hacer. Unos con actividad política directa, y otros sencillamente en cuanto ciudadanos, todos tenemos deberes y derechos cívicos que son indeclinables: racionalizar la vida, y muy especialmente la política, una realidad todavía caóticamente enturbiada por el tráfago de las ideologías, los resentimientos, los mitos, las pseudo profecías y las pasiones. No cultivemos la insensatez, sino la cordura. Hay que estar dispuestos a pactar con los que piensan distinto. Considerar los costes del desacuerdo nos debiera impulsar a trabajar juntos.

La idea de la política como diálogo y la negociación como método de trabajo. Política de problemas reales, podría ser el lema. No es tiempo para discusiones sobre formas puras, más que en la medida en que las formas sean cara externa de los concretos contenidos. Y éstos no pueden quedar en segundo plano, velados en la oscuridad, tapados por el brillo de las formas exteriores. Huyamos de la tentación de “atrincherarnos”. Se hace urgente reiterar con nuevo lenguaje las razones para un proyecto sugestivo de vida en común. Sumar a todo trance y no dividir. Buscar lo que une antes de fijarse y hurgar en lo que nos separa. Coordinar los esfuerzos afines hasta donde sea posible. Y esto sin ceder en lo esencial, sin pactar alianzas corrosivas, sin traicionar por malicia, por ingenuidad, por error, o por torpeza. Política organizada y desarrollada con sentido de la realidad, con conocimiento concreto de los problemas a resolver y de las efectivas condiciones en que se encuentra el lugar donde la actuación ha de realizarse, y de los elementos -tanto personales como materiales- con que se cuenta.

Y un elemento decisivo, tan ligado a la esperanza que casi se confunde con ella, que en rigor la hace posible: la ilusión. El escepticismo es una técnica de ocultación de sí mismo y del mundo. Vivimos una desconcertante etapa de destrucción de mentiras. Inmersos en una cultura con demasiadas verdades inanes, o de pura pirotecnia mental. Toda gran política exige inexorablemente un alto pensamiento que la respalde, oriente y condicione cuando se queda encerrada en la apetencia inmediata, la especulación superficial y el oportunismo. Convencidos de que sólo unas políticas auténticamente humanas -es decir, pensadas y realizadas a imagen del hombre- pueden procurarnos una sociedad más digna y más justa. 

Volver a poner un poco de gracia en nuestras vidas funcionales, algo de decoración en nuestros edificios, algún encanto en nuestras ciudades catastradas y, sobre todo, algo humano en lo social, ¿no creéis que ése sería también un buen medio de darles a los hombres un poco de alegría, de felicidad y de amor? ¿Pues qué ha hecho el hombre para superar el instinto del animal, para humanizar el amor? Lo ha recubierto de estética; le ha dado un lenguaje, gestos, adornos, símbolos y ritos. Toda cultura crea valores, cuya conservación y transmisión necesarias crean tradiciones. Afortunadamente, todavía nos queda la Navidad.

Publicado en "Diario de León" el martes 4 de diciembre del 2018: https://www.diariodeleon.es/noticias/opinion/cultura-acuerdo_1297169.html

viernes, 23 de noviembre de 2018

Amo a España.

La España moderna y contemporánea ha sido objeto de muy mal trato historiográfico: algunos se han solido ocupar de nuestro pasado con una extraña mezcla de resentimiento y desprecio que ha dado lugar, entre otras cosas, a la llamada “leyenda negra”. No conozco ningún otro país en tan desfavorable situación historiográfica. Es una corriente que tiene remotos precedentes en la psicología hispana, pero que sólo adquiere volumen y carta de naturaleza a partir del siglo XIX. Durante demasiado tiempo ha sido de buen tono decir pestes del propio país. Esto es lo grave de este asunto: no su aparición aislada, sino su elevación a norma y a uso social. Es un talante acongojado y pesimista el que late bajo todo esto.

Una cosa es el enérgico propósito de perfeccionamiento colectivo, y otra el morboso regodeo, o el distanciamiento insolidario ante los males nacionales. Algunos llevan sobre los hombros la carga de un insoportable complejo de inferioridad. La ignorancia histórica es la causa de un incalculable número de errores y de la mayor parte de los abatimientos y desánimos; por eso la fomentan los que quieren desmoralizar a los pueblos y dejarlos indefensos y manejables. España no-es-cualquier-cosa. Sino un país que ha dado no pocas pautas al mundo y ha contribuido enérgicamente a hacerlo. Es allende los mares donde se adquiere conciencia de la gigantesca obra de España. En América, Asia y África fuimos el brazo del mundo civilizado. Y, en muchas ocasiones, desde aquí. Para quienes somos aficionados a la historia, hay nombres como, por ejemplo, Oviedo, Astorga, León, Benavente, Salamanca, Tordesillas, Toro, Simancas o Medina del Campo, que nos suenan no a ciudades concretas, sino a acontecimientos. Son nombres más históricos que geográficos. Ciudades que dejaron huella. El desconocimiento o el olvido -o la deformación- de la historia impiden ver realmente lo que se tiene delante, lo que se cree ver; esto esteriliza gran parte de los viajes, tan frecuentes en nuestro tiempo, del turismo. Viajes inútiles. La ignorancia es mucho más destructora de lo que se piensa.

Porque la patria no es sólo un contenido geográfico, o una solidaridad sentimental con los muertos y con los que en el porvenir han de vivir sobre esta tierra nuestra, sino que es también -y fundamentalmente- una tradición de cultura, una armónica continuidad, que resulta por definición algo unitario. Una cultura es una forma de vida. Amo a España, pero no me gusta lo que barrunto. España está en una grave encrucijada: si mantiene la misma mentalidad que en los últimos años, su aventura histórica está tocando a su fin. Si no encuentra otro estilo de pensar, no podrá mantener su estilo de vivir. Es respecto al modo de aplicación de los principios en lo que puede surgir más fácilmente la confusión, el error, el desacierto, bien por las debilidades y pasiones de los hombres, o bien por la falta de criterio y de ideas claras, tan frecuente en las gentes que no tienen una muy segura formación. Los egoísmos nacionales -caricatura del verdadero patriotismo- son causantes de las guerras y del cruel olvido de los pueblos. Es inquietante el resurgimiento de la vieja tentación española de los “reinos de taifas”, del particularismo y la insolidaridad. Aquí la imagen del mal se disimula con docenas de explicaciones tan incompletas como insensatas. 

Reflexionemos sobre esta trágica situación para no repetirla. Se comienza perdiendo la batalla de las ideas. En política, lo mismo que en cualquier otra actividad noble, las cosas empiezan en la cabeza de un pensador. Cuando pasen unos años y se pueda examinar con perspectiva y objetividad el momento cultural español, se encontrará ridículo ese tono engolado y magistral con el que hoy necesitan encubrir la estrechez de su pensamiento quienes pretenden hacerse pasar como exclusivos definidores de la realidad. Estoy aburrido de tanto mirar hacia atrás. No es posible caminar con desenvoltura y con garbo llevando vuelta la cabeza. Creo que todos los males de nuestro pueblo nacen de su escaso nivel lógico, de su proclividad a comportarse movido por la pasión y no por la razón. Esta es la clave, y no me cansaré de insistir en ella. No cultivemos la insensatez, sino la cordura. 

Amo a España, aunque no-me-gusta-como-caza-la-perra. Las ideologías políticas contemporáneas, aunque no siempre lo proclamen explícitamente, tratan de imponer una especie de culpa o mala conciencia a los discrepantes. Siempre me parecerá poco cuanto se diga contra el irracionalismo, permanente tentación zoológica de la especie humana. Pero no soy pesimista, porque estoy convencido de las inmensas posibilidades de perfeccionamiento que poseemos las personas. Salir al encuentro de los problemas es una manifestación de esperanza. Asumo con todas sus consecuencias la herencia nacional, avergonzado de sus flaquezas y orgulloso de todas sus glorias. Debemos asumir el pasado de España como asumimos nuestra genealogía, con orgullo crítico y optimismo creador. Debemos intentar el conocimiento de los hechos sin destrozarlos con nuestros apriorismos. Debemos amar a la patria como parte de nuestro mundo, sin angustias vitales. El día en que nos rasguemos las vestiduras no ante las flaquezas de la naturaleza caída, sino ante la intención aviesa, la resentida envidia y la falta de caridad, habremos atajado la auténtica causa de nuestra secular decadencia moral.

Publicado en "Diario de León" el jueves 23 de noviembre del 2018: http://www.diariodeleon.es/noticias/opinion/amo-espana_1294278.html

sábado, 27 de octubre de 2018

El impuesto sobre las hipotecas.

La Sección Segunda de la Sala de lo Contencioso-Administrativo del Tribunal Supremo ha dictado sentencia sobre el recurso de casación interpuesto por la Empresa Municipal de la Vivienda de Rivas Vaciamadrid contra la sentencia de la Sala de lo Contencioso-Administrativo (Sección Cuarta) del Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad de Madrid de fecha 19 de junio de 2017, sobre liquidación del impuesto sobre actos jurídicos documentados de una escritura pública de formalización de préstamo hipotecario, sentencia que se casa y anula. También estima el recurso contencioso-administrativo interpuesto por esta misma Empresa contra la resolución del Tribunal Económico-Regional de Madrid de fecha 31 de mayo de 2016, que desestimó la reclamación económico-administrativa deducida frente al acuerdo de la Oficina Técnica de la Inspección de los Tributos de la Comunidad de Madrid que practicó la liquidación correspondiente al impuesto sobre actos jurídicos documentados, respecto de la escritura de constitución del préstamo con garantía hipotecaria, declarando la nulidad de tales resoluciones (de la Oficina y del TEAR) por su disconformidad con el ordenamiento jurídico. Y, por último, anula el número 2 del artículo 68 del reglamento del impuesto sobre transmisiones patrimoniales y actos jurídicos documentados, aprobado por Real Decreto 828/1995, de 25 de mayo, por cuanto que la expresión que contiene (“cuando se trate de escrituras de constitución de préstamo con garantía se considerará adquirente al prestatario”) es contraria a la ley.

En síntesis, el Tribunal Supremo fija como nuevo criterio interpretativo que, en estos casos, el sujeto pasivo en el impuesto sobre actos jurídicos documentados es el acreedor hipotecario, no el prestatario. Y destaca que tal decisión supone acoger un criterio contrario al sostenido por la jurisprudencia de esta Sala hasta la fecha, pero entiende que debe corregirla porque considera que el obligado al pago del tributo en estos casos es el acreedor hipotecario, sujeto en cuyo interés se documenta en instrumento público el préstamo que ha concedido y la hipoteca que se ha constituido en garantía de su devolución.

El hecho de ser la hipoteca un derecho real de constitución registral la sitúa, claramente, como negocio principal a efectos tributarios en las escrituras públicas en las que se documentan préstamos con garantía hipotecaria, pues el único extremo que hace que el citado acto jurídico complejo se someta al impuesto sobre actos jurídicos documentados es que el mismo es inscribible, siendo así que, en los dos negocios que integran aquel acto, solo la hipoteca lo es. El Tribunal Supremo reconoce que nos encontramos ante un negocio complejo con dificultades para determinar con seguridad quién sea la persona del “adquirente”. Lo resuelve a través de la figura del “interesado”. Desde esta perspectiva, según el criterio del Tribunal Supremo, no cabe la menor duda de que el beneficiario no es otro que el acreedor hipotecario, pues él (y solo él) está legitimado para ejercitar las acciones (privilegiadas) que el ordenamiento ofrece a los titulares de los derechos inscritos. Solo a él le interesa la inscripción de la hipoteca (el elemento determinante de la sujeción al impuesto que analizamos), pues ésta carece de eficacia alguna sin la incorporación del título al Registro de la Propiedad.

Por otra parte, en relación con la cuestión relativa al sujeto pasivo del tributo, la Empresa alegó que exigir el impuesto al deudor hipotecario iría en contra de toda la normativa proteccionista de los deudores hipotecarios que existe a nivel de la Unión Europea, a cuyo efecto menciona la sentencia de la Sala de lo Civil del Tribunal Supremo de 23 de diciembre de 2015 que consideró que la entidad prestamista no queda al margen de los tributos que pudieran devengarse con motivo de la operación mercantil, sino que, al menos en lo que respecta al impuesto sobre actos jurídicos documentados, será sujeto pasivo en lo que se refiere a la constitución del derecho y, en todo caso, la expedición de las copias, actas y testimonios que interese, de manera que una cláusula en la que se traslade el tributo a la otra parte contratante resulta abusiva. Además, en mi opinión, la protección del prestatario, especialmente si es consumidor, es considerado por el artículo 51 de nuestra Constitución como un principio rector de la política social y económica. El consumidor se halla en una situación de inferioridad respecto al profesional, tanto en la capacidad de negociación como en la información que maneja cada una de las partes (“asimetría informativa”), lo que le lleva a adherirse a las condiciones redactadas por el profesional, sin poder influir en el contenido de éstas: auténticas “lentejas” …

Bien, pero qué hacer si me encuentro en esta situación: solicitar la devolución. Ahora bien, tengamos en cuenta que, en ocasiones, algunos bancos actúan con displicencia o prepotencia ante las reclamaciones de sus clientes, no las responden o lo hacen a través de una carta tipo en la que te agradecen y dicen que-lo-van-a-ver… Distinta es la atención y el trato cuando la reclamación se presenta, mediante asistencia letrada, advirtiendo de que en caso de no recibirse respuesta satisfactoria trasladará su escrito al Departamento de Conducta de Mercado y Reclamaciones del Banco de España o se presentará una demanda ante los tribunales de justicia. En estos casos, suelen correr y volar, llaman al cliente e intentan un acuerdo antes de que se abra el correspondiente expediente administrativo o se inicie el proceso judicial. Los asesoramientos de “cuñados” y de “lo-leí-en-internet” suelen terminar mal, muy mal. Sólo un abogado puede ofrecer, en estos casos, un asesoramiento rápido y eficaz, profesional. Así que: mejor con su abogado.

Publicado en "Diario de León" el jueves 25 de octubre del 2018: http://www.diariodeleon.es/noticias/opinion/impuesto-hipotecas_1286995.html